
Rebobino. Tú sigues aquí delante, parado. La lágrima vuelve resbalando hasta la cuenca del ojo, tus palabras al labio (aguas y sonidos aspirados, devueltos al génesis); las que yo no dije y aguardaban en mi garganta, regresan hasta lo más profundo de mis entrañas, van ocupando allí su antigua morada. Y con todo empaquetado de nuevo, otra vez en Barajas sólo cinco horas después de llegar, y subo al avión y aparezco en Berlín. El tiempo ha retrocedido.
Y llego a Bellevue, a mi casa (deseo tantísimo estar allí), y el cielo está gris y oscuro, pero no importa. Ahora siento esa levedad del que no tiene nada. Soy libre, ligera. Tú eras la gravedad más eficaz. Pero ahora estoy sola, y me doy cuenta de que el mundo no era como tú me lo mostrabas. Es mejor.
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