
(...) Mi cabeza es también un paisaje oscuro, pero nunca solitario: nocturnas aves lo surcan, que a veces trato de extraer, y se resisten. Mantienen sus alas desplegadas sobre las paredes húmedas y recovecos fríos, se agazapan en los huecos más inhóspitos (...) los noto en mi estómago, aleteando y rasgándome desde el interior.
sábado
Odilón.

domingo
El prodigio.
lunes
Témenos.
miércoles
Clavel del aire.
"Tenemos que aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire." (J.Gelman)
Solamente de este aire frío de Berlín... Ayer mismo le recordé. Me volvió repentinamente su voz al otro lado del teléfono, una noche de junio, preguntándome... ¿Me dejarás tocar tu pelo alguna vez? Por alguna razón, aquello le producía una satisfacción que nunca pude explicarme, como si fuera un pequeño privilegio que sólo a él le concedía, brindándole el lujo de alcanzar la más inocente de las perversiones. Era su capricho... déjame acariciar tu pelo... y me miraba de esa forma en que se mira lo más amado, el objeto inviolado, el ser puro, la belleza cándida.
Me volvió repentinamente su voz, pero ya no hay nada que quiera pedirme... nada que yo pueda darle.