Estoy segura de que tu piel tiene el color del polvo de concha de caracola, y es su tacto suave como el de una piedra pulida por la erosión de unos besos. Y de que tu silueta es como las dunas, pero no se vence su onda a la caricia, aunque se estremece.
De que son tus pupilas dos oscuridades de la profundidad más inaccesible, que logra alcanzar sin embargo el rayo de luz que emite un pez de las tinieblas, que ciegamente te persigue.
Seguro que tu alma es de pradera, extensa.
Y el arco que forman tus labios, un horizonte ovalado, encargado de conjugar en tu sonrisa tus dos esencias, linea perfecta que aúna en la tierra todas las bellezas, conteniéndolas en un gesto que reclama mi mirada.
