miércoles

Desaparecido.


"Pero tu intención de ir te llevó donde querías, lejos de aquí, donde estás diciéndome: "aquí estoy, contigo, mira". Y me señalas la ausencia." (Salinas)

No fue la única vez que te fuiste. Cuando te perdí definitivamente, yo ya estaba acostumbrada a tus idas y venidas, a tu ausencia. Quizá supiste siempre que iba a ocurrir todo exactamente tal y como lo hizo, quizá me abandonaste tantas veces porque sabías que algún día tu marcha sería irremediable. Quizá me quisiste más de lo que aparentabas, y por eso me dañaste tanto en vida, para que aprendiera a soportar un día tu muerte.
Y a pesar de todo, pudiste enseñarme sobre la ausencia mejor que ninguno, pero yo nunca te tendré por muerto (yo nunca vi tu cuerpo así, tu dormir sin pálpito, tu acabar). Todo me lo contaron y yo nunca lo vi, y ya que nunca lo hice, no tiene por qué ser cierto.
Para mi "vos sos" un desaparecido, que no se dónde acabaste, ni qué fue de ti.
Y tu recuerdo es una nebulosa indefinida.
Pero no, tú no estás muerto.

domingo

Atlántico


Si te hablo de la playa, no lo dudes, en mi imaginario no habrá otra cosa que no sea el norte. Una lona irregular de dunas extendida torpemente, color de hueso o vainilla, no canela, de esas dunas pálidas que apenas han visto el sol y que nunca queman los pies. Un mar siempre encendido de oscuridades, que se alimenta de las cuentas brillantes de un collar al que se le ha vencido la cuerda en la orilla, como si bajo su manto albergara las luces, pero se mostrase siempre una profunda soledad.

viernes

Los pájaros.


Desde luego están ahí. Hoy, más que en mi garganta como otras veces, los noto en mi estómago, aletean y van rasgándome desde el interior. No hay forma de sacarlos de allí, ya nada sirve. Sé que en otras ocasiones lograron hacerlo las lágrimas.
Pero yo ya no lloro jamás.
Exhalo aire como si quisiera echar la vida por la boca, ir exprimiendo mi cuerpo como si se tratara de un hinchable y quedarme reducida a piel arrugada extendida sobre el suelo, como una alfombra. Realmente es mucho más lo que quisiera expulsar, vomitarlo todo y deshacerme de ello.
Voy perdiendo el valor o la paciencia para vivir con los pájaros. Pero soy tan cobarde, que ni siquiera tendría el valor de morir.

jueves

Introspección III.


El invierno en Berlín es siempre nocturno. El sol sólo desprende un candor gris desde el amanecer, y tiempo después de haber llegado aquí un día te sorprendes a ti mismo pensando en ver aunque sea el más mínimo fragmento de cielo; pensando en algo que siempre estuvo a tu alcance hasta ahora, sin fallarte jamás ni revelarte tu ciega necesidad de él. Y esa necesidad que no puedes satisfacer te entristece. Y vivir sin ver el cielo ya era suficientemente triste.
Mi cabeza es también un paisaje oscuro, pero nunca solitario: turbas de nocturnas aves lo surcan, que a veces trato de extraer, y se resisten. Mantienen sus alas desplegadas sobre las paredes húmedas y recovecos fríos, se agazapan en los huecos más inhóspitos, pero yo los noto, noto los pájaros en mi cabeza. ¿Es esta una forma de reconocer que mi confianza en mi misma pende a estas alturas de un hilo?
Cuando unas aves así se adhieren y se funden con tus tejidos corporales, ya no hay nada de lo que puedas estar seguro. La desesperación te invade y te llevas las manos a la cara, a la cabeza, al pecho, al cuello, y te palpas en busca de algo que no sabes bien qué es, tratando de descubrir la protuberancia extraña a la que puedas atribuir tu desconcierto y tantos otros males, y que una vez localices podrás extirpar. Pero jamás la encuentras, porque todo lo que te asusta de ti está en un lugar mucho más profundo.
Quiero arrancarlo, arrancármelo todo, los ojos, los dientes, cada uno de mis órganos, hacerme pedacitos y lanzarlos lejos, todos ellos infectados de dolor y corruptos.

sábado

Rosas y Principios.


"No importa que el hombre se haya roto si de él emergen rosas de légamos y principios renovadores. Hay que empezar rompiendo para darle rienda suelta a lo que realmente somos y escondemos." (Millares)

A veces yo desearía ser tan destructiva como lo era Millares, o quizás ya lo sea, pero a veces yo desearía ser destructiva de la misma manera de la que lo es él. Cuando yo destruyo la violencia recae sobre mi misma, pero él supo crear una parte tan suya como él mismo fuera de si mismo, y ser violento hacia esa parte (suya y ajena). Así eran sus cuadros. Un ataque a toda aquella materia devastada que no era sino un despojo de su interior, como un vómito o un trozo de piel arrancada. Y yo sin embargo estoy a años luz de destruir mi alter ego convertido en dios sabe qué. En unos versos, en una melodía, en una acuarela. Puede que esté a años luz de crear siquiera ese alter ego de manera satisfactoria.
Hasta que lo logre, estaré rasgando mi propio cuerpo y mi propia mente. Pero algún día lo haré surgir y lo haré desaparecer, y emergerán rosas de légamos y principios renovadores. Y no volveré a ser la que fui.