viernes

Los pájaros.


Desde luego están ahí. Hoy, más que en mi garganta como otras veces, los noto en mi estómago, aletean y van rasgándome desde el interior. No hay forma de sacarlos de allí, ya nada sirve. Sé que en otras ocasiones lograron hacerlo las lágrimas.
Pero yo ya no lloro jamás.
Exhalo aire como si quisiera echar la vida por la boca, ir exprimiendo mi cuerpo como si se tratara de un hinchable y quedarme reducida a piel arrugada extendida sobre el suelo, como una alfombra. Realmente es mucho más lo que quisiera expulsar, vomitarlo todo y deshacerme de ello.
Voy perdiendo el valor o la paciencia para vivir con los pájaros. Pero soy tan cobarde, que ni siquiera tendría el valor de morir.

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