martes

Palimpsesto.

Madonna. Munch.

Madrid es desde hace años mi palimpsesto, pero lo primero que ha venido a mostrarme, ahora que he regresado, ha sido el dolor de hace un año, cuando creía despedirme por fin de todas las desgracias. Estaban aquí, esperándome.
Siento que la reescritura de estos meses no ha servido para nada cuando observo los lugares cargados del pasado, una y otra vez señalándome las mismas cosas, como si jamás me hubiera ido; como si estos últimos meses jamás hubieran sucedido.
Como si todo el olvido hubiera sido un sueño.

domingo

Tus tristezas



Preparas la maleta. La capa de abajo está formada por libros, todos los que querrás ojear en algún momento a excepción de uno que leerás repetidamente y cargarás bajo el brazo durante todo el viaje, igual que Teresa abrazaba a su Karenina. Te sientas en la cama con la maleta abierta a tus pies y observas la composición de las portadas. Esos libros tienen mucho en común contigo, son aristados por fuera y encriptados hasta el corazón, y su posición natural está constituida por la misma horizontalidad que se cierne sobre ti. Sentada sientes que la inercia te sostiene, y la gravedad sólo inclina tu cabeza en un gesto lánguido, como se doblaría un clavel abatido por el agotamiento antes de troncharse su tallo. Te tumbas. Dejas que tu cuerpo se hunda en el colchón, y la visión del techo expanda tu fijación analítica y dolorosa, y tu mirada se pierde poco a poco en la homogeneidad. Tragas, y notas tu garganta cediendo al peso y abandonándose a esa gravedad.