domingo

Pinceles.


La cura llega un día sin previo aviso, y al hacerlo te das cuenta de que no todo andaba tan bien como te pensabas. Esa sensación de bienestar (o al menos, la sensación de no estar completamente derruído), te hacía pensar que, al fin y al cabo, no había sido para tanto. Te hacía sentirte grande y fuerte, capaz de todo, sin ningún tipo de cicatriz o trauma, como si la muerte de él sólo hubiera sido un sueño. Y tú creías haber pasado por todo y haber salido ileso, cuando en realidad era todo aquello lo que había pasado por tí, y tú no habías salido corriendo para huir de ello... si no que "ello" estaba caminando sobre tí, y su peso continuaba encima aunque ya no pudieses notarlo.
El día en que se fue, cogiste los pinceles como si fuera ayer mismo cuando los soltaste y comenzaron su vida retirada en el cajón último de la mesa de madera, todos amontonados debajo de la cajita de acuarelas. El día en que llegó la cura volvieron los pinceles. Y al usarlos no te sentiste como si te estuvieras despidiendo una vez más de él, sino que sólo se trataba de una acuarela más. Y el recuerdo de él había salido volando de sus pinceles viejos. Se habían cosificado...para volver a humanizarse contigo.

martes

A través de los párpados.


Sonreír con los ojos cerrados. Verlo todo así del color de la sangre, de la vida, al filtrarse la luz por los párpados translúcidos. Sonreír. Sentir las manos llenas de cosas, aunque ahora se apoyan en el banco de piedra fría. Queda en ellas la memoria de todo lo que han tenido. Circulan por mi visión de sangre sus imágenes. Nunca más la desearé mía, y nunca la quise ni la querré más de lo que la quiero ahora.
Toda nuestra historia es una acuarela difusa, de colores azulados y violáceos aguados, mezclados, como un cielo o como un mar, o como todas las cosas sin principio ni fin que se mueven indefinidamente y no podría delimitar. Suavizada, como espumas o algodones, como agua que atraviesa el espacio y rodea mis dedos y los abandona, dejando en ellos un olor a sal como único testigo. Y porque acerco mi mano a mi cara y aún la siento llena de cosas, es que sé que ella ocurrió. Y ahora que es así, sólo puedo recordar su sonrisa. Y esta vez sólo viene para aplacar mis males.
Quizás si hubo belleza en nuestro amor.

Quizás no hubo amor, sólo belleza.

lunes

Rebobinaría...


Rebobino. Tú sigues aquí delante, parado. La lágrima vuelve resbalando hasta la cuenca del ojo, tus palabras al labio (aguas y sonidos aspirados, devueltos al génesis); las que yo no dije y aguardaban en mi garganta, regresan hasta lo más profundo de mis entrañas, van ocupando allí su antigua morada. Y con todo empaquetado de nuevo, otra vez en Barajas sólo cinco horas después de llegar, y subo al avión y aparezco en Berlín. El tiempo ha retrocedido.

Y llego a Bellevue, a mi casa (deseo tantísimo estar allí), y el cielo está gris y oscuro, pero no importa. Ahora siento esa levedad del que no tiene nada. Soy libre, ligera. Tú eras la gravedad más eficaz. Pero ahora estoy sola, y me doy cuenta de que el mundo no era como tú me lo mostrabas. Es mejor.

jueves

El viento.


Mis pulmones se dilatan, se desbordan, y el aire llena mi cuerpo por completo y creo que voy a salir volando. Las ráfagas heladas me llegan por entre los huecos que crean los cristales partidos, las estructuras metálicas, el yeso roído y desconchado. La destrucción está filtrando mi aliento, pero cuando me alcanza es sólo vida. Es el frío de Berlín. Su viento me despierta, me busca, me impulsa hacia delante, me promete, me otorga. Me da fuerzas para llenar mi garganta de todas aquellas palabras que antes no me atreví a decir. Y cuando lo expulso, salen todas en un cauce rápido; y aunque se que mi voz no llega a ninguna parte, el viento ha venido a llevársela y yo se la ofrezco.
Y a partir de entonces, ya no es de nadie.

miércoles

Cruel.


Me mantienes atada por muñecas y tobillos, apoyada ya sin fuerzas sobre la pared de superficie helada. Sobre mi pecho vas dibujando con tu pluma afilada, vas trazando tus planes, tus palabras hirientes, tus silencios calculados, y sobre mi costado unas perpendiculares rojas. Y en mi cuello has presionado con delicadeza hasta dejar salir la perla bermeja, que has extendido alrededor, que has convertido en una franja que lucha por cercenarme.
Jamás me perdonaste el no haberte querido lo suficiente.
Mientras juegas a los médicos, para lo que yo me ofrecí voluntaria, vas destrozando en tu cobarde experimento (te corto un poquito de aquí, un poquito de allá), a ver dónde está el límite.
Cuando queden vísceras y pedazos imposibles de identificar, entonces te sentirás satisfecho.
Hasta dónde llegará tu crueldad, hasta dónde tus deseos de venganza. Irás despedazando a cada persona que no te dio lo que querías, hasta que no haya nadie a quien exigirle nada.

martes

Introspección II.


Tiene las manos femeninas, articulaciones largas, muñecas delgadas, dedos finos; las piernas también largas y delgadas, como las de un pájaro; y los ojos oscuros, pequeños y ávidos, como los de un pájaro, y sólo sé que no es un pájaro del todo porque además de ello, son inteligentes.
Mi amigo pájaro me habla de la Crítica de la razón pura de Kant, y luego de sus viajes, y yo le observo en una quietud que parece trazar una línea entre nosotros y sólo a nosotros nos alcanza, porque fuera todo es un huracán de pasos y voces. A veces me hace preguntas. Yo desearía poder contestarle pero algo me frena, así que sonrío y sólo doy respuestas vagas.
Todo sobre mi pasado empieza a ser un relato breve e inexacto que no ofrece fechas, ni nombres, ni emoción alguna, sino que deja simplemente una atmósfera de brumas. Y así seguirá siendo.
Estoy reinventándome, y quiero hacerlo libre de todos y todo, incluso de mi misma.

sábado

La mujer.


Encuentro en ella el placer que ninguna otra puede darme. Se reencarna una y otra vez para capturarme y destrozarme. La busco, y como un insecto que toca el dulce néctar y queda prendado por siempre sin poder deshacerse del espeso jugo, me someto. Una y otra vez, una y otra vez... ha vuelto para vencerme. Para demostrarme que su oscuro amor va más allá de los tristes términos que asignamos a la admiración, al deseo, al placer. Van girando sus palabras, mezcladas entre mis días pasados en un tornasol difuso. Cuando me alcanza y me derriba, mis labios trémulos no saben pronunciar, mis manos no saben detenerla. Está en mi cabeza. Puedo notar la velocidad vertiginosa a la que se adentra en ella, y cómo poco a poco va recorriendo cada víscera y recoveco. Ella suelta su bisturí repentinamente y son ahora sus labios los que no logran nombrar, sus manos las que tiemblan. Y mientras permanezco inmutable, va recogiendo sus instrumentos y después se aleja.
Desde la camilla helada, mi cráneo cercenado se precipita hacia el suelo. Y una nueva mujer vendrá para explorarme, y recomponerme, y cercenarme otra vez.

miércoles

Alza la vista.


Oteo con mis dos canicas negras una sombra que se mueve cerca de mi. Sólo puedo ver oscuridades: siempre que surge una luz, se crea una tiniebla. Los destellos cegadores destrozan mis pupilas, pero mirando a mis pies todo se mantiene en orden, los ojos bien abiertos, las hojas arremolinándose en el suelo y girando sobre si mismas como peonzas, las sombras deslizándose como líquidos vertidos de forma descuidada y fuera de control. El caos está allí. Pero es un caos que ya conozco y sé que puedo soportar.
Por eso no me sorprende esta sombra que me persigue, pero ni ella ni ninguna parecida podrá alcanzarme nunca más. Destrozaré cada parte de mi si es necesario, arderé desde el alma hasta la piel, dejaré que me corroa el fuego por dentro. Pero estará siendo el fuego de la luz. Nunca, nunca más el dolor de las noches.

domingo

Nocturna


Florecen casi simultáneamente. Sincronizadas por el sol, van elevándose en sus tallos en movimientos casi imperceptibles, desprendiéndose de su cromatismo con coberturas irisadas. Se desvelan tímidamente y poco después, se apagan. Se apagan.
Pero ella es nocturna, y un día mientras todos soñaban yo pude verla. Yo soñaba con ellos. Pero soñaba con ella. Me descubrí ante ella, y sus ojos titilaban aunque no había foco alguno del que capturar su luz. Y cuando igual que en mil bostezos se abrieron los mundos y toda la exuberancia se mostró con los primeros rayos, se escondió entre las sombras.
Buscarla en su noche era doloroso y encontrarla un sufrimiento mayor. Me atrapaba, me asfixiaba, me soltaba. Me mató.

viernes

Mi flor del mal.


Se amilanaban mis pupilas con el fulgor de tu piel. Cobre donde el sol incrustaba diamantes duros, que abrasaban la vista, que rasgaban las yemas de mis dedos al tratar de acariciarte.
Solía pensar en tu belleza dolorosa, pero con el tiempo supe que la destrucción estaba en ti, y tu belleza era el reflejo del modo en que te deseaba. Recuerdo miradas y despertares, los más vulgares, y tu amor, el más mediocre. Y el misterio de esos ojos fue desvelado sin necesidad de aquellas metafísicas a las que trataba de elevarte: sólo eran dos pozos vacíos.

jueves

Elige vivir.


Haz lo que debas hacer. No tengas en mente más que eso, elige vivir. A menudo te juzgarán, como si la vida fuera más que estar constantemente eligiéndola a ella por encima de las demás cosas. El Bien y el Mal llegarán predicando mensajes de los que ni tú ni la propia vida sabéis nada, mensajes que no entenderéis. Escúchalos, atiende al mundo porque tendrás que pasar por él, y trata de adaptarte lo mejor que puedas a lo que dictan, pero nunca olvides que has venido a vivir y no a ser condenado por quienes hacen suyas esas premisas.
El día en que muchos otros lo descubran dejarán de juzgar los actos ajenos como tú lo hiciste, y entenderán tu pasado. Que en tantas ocasiones no está entre las opciones la elección más deseada por todos, sino sólo aquella que te permitirá vivir. Y probablemente cuando lo comprendan toda una vida habrá pasado por ellos... y elegirán vivir cuando ya no quede tiempo.