Te han estallado los geranios y los corales. Quieres llorar mientras todo se expande silenciosamente a tu alrededor, luminoso, bello. Lo apartarías de ti con furia si tuvieses fuerzas, y lo tirarías al suelo, y acabarías tumbándote sobre todo ello en un intento contradictorio de sepultarlo y de fundiros. Aprehenderlo y sentirte plena, destruirlo y regresar a los días en que rasgabas el aire y comprobabas triunfal la vacuidad del mundo que te mantenía en calma.

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